sábado, 15 de marzo de 2014
milagro
El hombre es, desde los tiempos más remotos, una criatura fascinada por aquello que no puede entender y sigue siéndolo aún hoy, cuando el conocimiento científico ha desbrozado buena parte del territorio de lo inexplicable.
Los latinos llamaban miraculum a aquellas cosas prodigiosas que escapaban a su entendimiento, como los eclipses, las estaciones del año y las tempestades.
En español se dijo durante mucho tiempo miraclo (Berceo) y miraglo (Palencia), que serían formas de españolización más adecuadas del latín miraculum "prodigio", "milagro", pero en romance peninsular la "r" y la "l" intercambiaron sus lugares, de modo que la forma actual ya aparece cristalizada en el Diccionario latino-español, de Nebrija.
Miraculum provenía de mirari, que en latín significaba "contemplar con admiración, con asombro o con estupefacción". La forma latina se mantuvo con idéntica grafía en el francés y en el inglés: miracle, y en el italiano: miracolo, entre otras lenguas neolatinas.
Mirari dio origen a "mirar" a otras palabras que el latín legó al español, tales como mirabilis, que derivó en "admirable"; miratio, -onis, en "admiración"; mirator, en "admirador" y "mirador", y mirificus en "mirífico", "admirable", "maravilloso".
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