Cuentos míos.
MINORIDAD, HOY. PROCESO SOCIAL - Caso I:
Por Teresita Facchín
Lo conocí hace apenas unos
años, lo vi crecer al lado de su mamá. Al padre no lo recuerdo, mejor
dicho nunca lo vi. Era un niño dulce, amable, simpático, lleno de vida con sus
mejillas rosadas y su cabello rubio, muy rubio…, de aire europeo. Tiene otros
hermanos, más pequeños, cuál de todos más bellos pero… su mamá está sin apoyo
conyugal. Muy trabajadora pero a los chicos tenía que llevarlos al médico y
procurar alimentos. Lo que hoy consigue una madre sola es poco para
repartir.
Siempre la vi, luchar, nunca bajar los brazos, esta señora compartía
con su hermana menor, un piso que les dejó su papá. Pero luego lo
perdieron, pues la cuota subió y los impuestos eran muchos y cada vez más
altos. ¿Adónde fue este joven, que hoy tiene 15 años, con su mamá y sus
hermanitos? _ A un asentamiento, sin agua, sin luz, sin cama, a una pieza
sin ventanas que la mamá ‘’compró’’ por unos pesos.
Este niño de 15 años hoy está despeinado y más que sucio, pero no ha perdido su
hermosura ni su lozanía. Sus ojos están muy tristes por ver decaer a su
mamá y vivir tan mal socialmente.
El
joven quiso buscar trabajo, no se lo dieron pues su ‘’casa’’ no tiene
número. Quiso sacar un libro de la biblioteca y le pidieron una constancia de
domicilio. No la tenía. Quiso leer un libro en la sala de la biblioteca, le
dijeron que volviese en condiciones de aseo, pero el invierno estaba helado
para bañarse con agua fría de la cachimba, ya que no contaban ni con un
calentador…
No pudo
leer el libro de Narnia ni el de Harry Potter… Se fue triste y se sentó en el
cordón de la vereda, casi llorando. Los ‘’amigos’’ no le abrían la puerta
pues estaba en el "asentamiento’’.
Soñaba con un baño calentito….Mas…..apareció un señor en un Cadillac amarillo,
quien le ofreció dinero por ciertos favores. Pensó, ¿qué
perdería?... Si sus hermanos estaban unos con hambre y otro con su mamá en el
hospital. Pero el señor sólo ofreció $50.-. Tal vez la irrisoria
suma lo hizo pensar, mas sentía hambre y mucho.
Retomando el camino a su nueva ‘’casa’’, tenía que pasar por la
panadería. ¡Ay! ¡Ese exquisito olor a pan fresquito! Le hizo detenerse ante el
vidrio de la ventana exhibidor de ricos manjares, tortas, masitas, sándwiches.
Se
ofreció para trabajar allí y así obtener no dinero sino algo para sus
hermanitos y para su estómago. No hubo caso. Menor, sin referencias, sin
hogar….Ya no podía ir al liceo con todo esto.
A la madre le dieron el Plan de Emergencia, los 5 comían tres días y los
zapatos se rompían.
Su
mamá no le podía comprar unos, con lo que ganaba apenas cubría algo la comida
de los demás días, el más pequeño parecía desnutrido.
Este niño estaba cada vez más abrumado y solo, y con muchas carencias,
necesidades económicas, afectivas y su mente flaqueó.
Salió a la calle a pedir. Algunos le daban, pero él tenía vergüenza, le daba
cosa, le decían: “tu madre se abre de patas y tú tenés que mantenerte”.
Le empezó a dar rabia la calle pues su madre estaba sola, no obstante era una
buena madre. Cada vez que golpeaba una puerta se ofrecía para mandados, pero su
facha era muy fea, más pensaban que él iba a robar y lo corrían.
Empezó a sentir
dolor que luego transformó en odio y rencor. Su corta edad e inmadurez no le
permitían enfocar las cosas de otra manera. Había dejado los estudios, no tenía
nada, ni ropa, ni comida, no conseguía trabajo.
Ya
dormía en el día porque hacía guardia en la noche, para que su mamá descansase
y fuese a trabajar, pues no tenían puerta tampoco. Su mamá algunas veces no iba
a trabajar porque velaba por el sueño de sus hijos, que no se acercara
ningún perro o gente.
Quiso el cruel destino, que allí al “asentamiento” fuera un “maula” a buscar
gente para pasar unos “paquetitos”, a cambio de un celular con cámara y
con carga. El deseo de estar con sus amigos y mostrarles algo interesante, de
volver a ellos a pesar de su facha, pudo más y dijo sí…
”Mira mamá, lo que tengo”_ le dijo a su madre” por llevar unos lápices
envueltos a fulano y a zutano y a mengano….”
La madre se lo pidió, para llevarlo a la policía. Él no quería entregárselo.
Discutieron. Gritó. Pelearon pero entregó “su cel” a su mamá, con todo su
dolor, rabia e impotencia, sabiendo que ya no tendría nada de interesante para
mostrar a sus “amigos”, para solo apenas un ratito estar con ellos.
Su madre continuaba con su hijito enfermo, siempre del asma, su hermanito chico
estaba con hambre, y había que llevarlo al médico y no tenía dinero ni para el
bus. Salió ella a pedir puerta a puerta, a sus vecinos, pero como era fin de
semana, habían salido. No consiguió nada. Pero esta vez fue Beatriz, la mamá
quien iba a devolver el cel a la Jefatura, fue quien se arrimó a unos
jóvenes en la parada y ofreció a esos muchachos el cel por $200.=. Los jóvenes
entre ellos hicieron una “vaca” y sacaron a esa madre de apuro...
Fue al médico con su hijito pequeño, pero antes compró leche y pan y 3
chupetines y les dejó, a los demás niños. ¡Qué alegría! ¡Comían! Se olvidaban
dónde estaban y daban gracias a Dios. Pero… el mayor seguía pensando: “tal vez
si tengo un cel, así puedo estar con mis amigos, tan solo una vez demostrarles
que Soy”.
Días tras días, horas tras horas transcurrían así, monótonas, vacías,
desganadas, sin nada ya, como deprimido, pero sintiéndose vivo al preguntarse:
¿vale la pena vivir así?...Y hubo otro que le dijo: _”loco no tenés nada que
perder, para TENER tenés que ARRIESGARTE. Yo te presto el arma de
mi tío, no tiene balas, pero ¡mirá qué ropas tengo! Estas ropas me las
dan todas aquellas personas a las que yo les presto el arma. Yo te la presto, y
vos me conseguís un par de championes NIKE No.39, me los dejas envuelto en el
contenedor de Agustín Pedroza y Daniel Granada, envueltos en papel de
diario a las 3 de la mañana.
Este carilindo joven lo pensó y sintió que si se vestía mejor olvidaba
sus harapos y así podría conseguir algo más al pedir, y hasta ir por
trabajo.
Un
jueves al mediodía tenía la del tío. Salió a caminar, llegó a 8 de Octubre, se
detuvo frente a una casa de ropa masculina. Se dijo: _¡Qué lindo traje tiene
ese maniquí!, si yo tuviera uno igual y esa camisa tan blanquita….Tal vez me
dieran trabajo en la panadería o en otro lugar, pero no tengo estudios, mas mis
amigos verán que cambié y volverán conmigo, compartiremos otra vez el manchado,
la pelota , las figuritas y hasta los piropos a alguna joven sonriente”.
Pensó en esto, se olvidó de su mamá y de lo que ella le enseñaba, quería
VIVIR, quería SER…
Y
bueno, se consiguió una máscara y unas ropas en desuso que eran del tío
del otro. Planeó todo. El fin era entrar a la tienda de ropas de hombre.
Estudió el mejor momento, el más tranquilo: la noche, rompió un vidrio, comenzó
a sonar una estridente alarma, solo pudo tomar los championes grandes, pero no
tuvo tiempo de su traje. Huyó, sino lo apresaban.
Pagó por el uso del arma, lo pactado.__” Pero ¡qué suerte Perra!”__,
se decía. Él tiene sus championes y yo no tengo nada….
Su
mamá ni se enteró.
Pasado unos días se encuentra con el sobrino del tío y le cuenta lo ocurrido,
quien le ofrece el arma por segunda vez y le dice que se saque lo de
él primero, que cualquier cosa se la “presta“ para otra vez y
que él anda necesitando un chaleco de cuero con tachas, de esos a la
moda.
Lo pensó,
se tomó el tiempo, recorrió muchas vidrieras, pero esta vez fue al Paso Molino.
Miró el comercio, entró, el vendedor casi lo corre, él le preguntó: _
¿tenés de ese modelo talle para mí? Me gusta el color azul_ le dijo. El vendedor
le respondió que sí, entonces le pidió que se lo dejara separado que él para
mañana a primera hora, tendría el dinero, y que lo compraría. El
dependiente mirándolo a regañadientes, le puso las prendas en una bolsa y le
preguntó su nombre. Él respondió: _” me dicen PEPE, vengo temprano, gracias”.
Miró dónde éste guardaba su traje. Salió.
Enseguida al lado, había un comercio de Movistar, ¡qué bonitos celulares!
¡Qué estuches! ¡TODO! Soñaba. _”Si tengo uno de esos, mandaría mensajes a
mis amigos y ellos me responderían y hasta podría llamar a Raquel que tanto la
extraño, desde que dejé el liceo…”.
El niño solo pensaba en eso. _”Voy primero por el cel, luego por la ropa…” Pero
no. Fue primero por la ropa, estaba aburrido de esos harapos también. Rompió el
vidrio. Sonó la alarma. ¡Tomó la bolsa con su nombre y corrió y corrió y tuvo
suerte!
Transpiraba con su bolsa abrazada, apretada al pecho, su adrenalina estaba al
máximo, entró en un bar para cambiarse, pero le corrieron
porque pensaron que iba a molestar a los clientes pidiendo.
Caminó más de 2 horas. Caminó hasta llegar a XXX (3 Cruces), allí,
entró al baño, orinó, se sacó uno de sus harapos, lo mojó y se aseó
todo lo que pudo y se puso el traje nuevo, solo le faltaba un poco de perfume.
En la escalera mecánica, parecía un alemán bajando del avión, su
sonrisa perfecta, dibujaba su extrema alegría, pero quería que sus amigos
lo viesen. No tenía monedas para llamarlos, solo el arma. Y no lo pensó, pero antes
se sentó en ese bar pidió una pizza con mozzarella y una bebida cola,
¡qué exquisita! Luego se acercó al mozo tímidamente y le preguntó
dónde estaba el baño.
A
la salida temía que su traje se transpirara porque el sudor le saltaba a
chorros al tratar de escabullirse sin pagar. Lo logró. Nadie le perseguía.
Subió a un ómnibus y recitó un poema que su profesora de literatura le había
exigido, el único que sabía, de Rubén Darío. La gente lo aplaudió y obtuvo unas
monedas que destinó para su madre y hermanos.
Tenía miedo que en su casa su traje se ensuciase y además que su madre
preguntara y entonces le pidió ropa prestada al sobrino del tío, quien le
prestó y dejó en la casa de éste el traje.
Ahora le tocaba conseguir el cel , tan esperado y apreciado para volver a
contactarse con sus congéneres. Al ver el resultado del poema,
subió a otro bus y lo recitó una vez más, consiguió monedas para su mamá o ya
para llevarles comida o alguna golosina a sus hermanos menores quienes
demostraban plena alegría al verle.
Llegó el momento para conseguir el cel. Se aseó, fue a casa del sobrino del
tío, pidió su traje, se aseó otro poco y se vistió. Salió, pasó por una
perfumería, le pidió a la señorita para probar y oler perfumes franceses e
ingleses. Probó de todos, ya no tenía lugar donde probarse…Le dijo a la
señorita que estaba confundido por tantos aromas y que volvería a probarse uno
solo, otro día para llevárselo. _Gracias_ dijo.
Llegó al punto “celulárico”. Rompió el vidrio, sonó la alarma y apareció
el guardia de seguridad, quien lo tomó por sorpresa ya que él estaba buscando
el cel. rojo de tapas negras que había visto antes.
La
República, El País, en todos los periódicos: “Extranjero asalta tienda de
celulares”, no podía hablar. Solo vocablos entrecortados, no negaba ni afirmaba
nada. No sabía qué hacer, hasta el arma del Tío era importada.
Cuando su madre preocupada porque no había ido a dormir, ve las fotos de la
prensa en el quiosco de la esquina. Va hasta la Seccional, para saber.
Ya
había confesado y probado y lo habían pasado a una Dependencia de Juez de
Menores. Solo si iba un responsable saldría de ahí.
Su
madre entre mil dolores, vino a pedirme dinero para el bus y me mostró la
cédula del adolescente, entre casi llanto y amor y dolor y también cordura y
desesperación. Se fue con mucha prisa, pues tenía que sacar a ese joven de ahí.
Pero eso no es todo. Este comentario se lo hice a otra vecina, que
me dijo: _“El marido de Beatriz, tuvo un serio accidente y quedó inválido
y negado de otras funciones pero lúcido. Entonces le pidió a ella que sus
hijos no se enterasen de su situación y que ella buscara un compañero”.
Pero, la pobre Beti no tuvo tiempo ni oportunidad de conseguirlo,
por criar a sus hijos, a pesar de tener ella apenas 35 años, de ser linda,
delgada y bien hablada.
FIN.
